Acerca de Nosotros

En Vive en Ti comprendemos de primera mano el profundo dolor de perder un hijo. Nuestro ministerio está dedicado a brindarte apoyo compasivo y guía espiritual para ayudarte a transitar este difícil camino. Es católico porque los sacramentos y las enseñanzas de la Iglesia desempeñan un papel fundamental al ofrecer el apoyo espiritual, la sanación y la gracia que tú y tu familia necesitan durante el proceso de duelo.

Cómo Nació Vive en Ti

 

Después de experimentar la pérdida de una de mis mellizas en Mayo de 2024, sentí que mi relación con Dios se quebrantaba y me invadieron sentimientos de culpa, de ira, de confusión y de impotencia al no poder hacer nada por evitar este sufrimiento tan insoportable. Después de todo, era yo quien las llevaba en mi vientre. Mi fe se vio afectada y en todo lo que podía pensar era en por qué nosotros?, por que yo?

A través del apoyo de mi esposo, de mis hijas y de nuestra comunidad, continuamos nuestro caminar con el Señor, orando aun cuando nos dolía, aun cuando todavía no entendíamos el para qué de esto que nos estaba pasando.

Con el tiempo, comprendimos por la gracia de Dios que en este sufrimiento había un bien mucho mayor, y que Dios, aunque no lo causó, lo estaba usando para acercarnos más a Él, para fortalecer nuestra relación con Él. Porque cuando Dios permite tu sufrimiento, es porque tiene un propósito. Sé que esto es difícil e incluso inconcebible de entender y aceptar, pero fue a través de nuestro sufrimiento y en un momento de oración que Él nos confió este ministerio.

El nombre “Vive en Ti”, también fue un regalo suyo, un don que nos dio mientras orábamos. Vive en Ti no solo habla de la relación que tenemos, como madres, con nuestros bebés, que viven y continúan viviendo a través de nosotras, sino también de nuestra relación con Dios. Porque nuestro Señor vive en ti, vive en mi, vive en cada uno de nosotros, y por eso no podemos atravesar nuestro proceso de sanación sin Él. Él nos ofrece su amor sanador, el amor que puede redimir, restaurar y restituir tu vida y la de tu familia, si se lo permites. 

“Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que digáis todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir.” 1 Corintios 1:10

Nuestros Pilares Fundamentales de Sanación en el Amor de Cristo

Confianza en la Oración y los Sacramentos

Tener una profunda confianza y dependencia de Dios es un paso fundamental para sanar nuestra mente, corazón y alma. Construir y fortalecer tu relación con Dios te permitirá encontrar consuelo y esperanza durante el proceso de duelo.

El Poder del Perdón

Perder a un hijo puede, en ocasiones, despertar sentimientos de culpa que terminan hiriéndonos aún más. Al perdonarnos a nosotros mismos, a los demás e incluso al reconciliarnos con Dios, podemos experimentar el poder del perdón: un regalo de Dios que nos trae libertad, paz y promueve la sanación interior.

Comprender el Sufrimiento Redentor

El sufrimiento puede tener un sentido espiritual cuando unimos nuestros sufrimientos al sufrimiento de Cristo, de modo que podamos obtener gracias para nosotros o para otros, reparar pecados o propiciar una renovación espiritual. Esto transforma el sufrimiento de una experiencia puramente negativa en una oportunidad de crecimiento espiritual.

Tener una Perspectiva Eterna

Creer en la vida después de la muerte nos da la esperanza de volver a reunirnos con nuestro(s) hijo(s). Podemos confiar en la bondad y fidelidad de Dios, y en la certeza de que Él hará que el futuro sea mejor, incluso en tiempos difíciles. Tener una perspectiva eterna nos ayuda a comprender que la muerte no es el final, sino la transición hacia una nueva vida eterna.

NUESTRO RECORRIDO EN EL DUELO

CONTADO DESDE MI PERSPECTIVA DE MAMA

Febrero 2024
Esperando Mellizas

En Febrero de 2024, nos enteramos que estábamos esperando mellizas. Aún recuerdo ese día como si fuera ayer. Mirar la pantalla y ver dos pequeños saquitos fue una de las mayores bendiciones de nuestra vida; no podíamos creer que íbamos a ser padres de otras 2 preciosas hijas de Dios.

Expecting twins
Baby
May 2024
Despidiéndonos de una de nuestras mellizas

A las 16 semanas me hicieron un ultrasonido en el que nos mencionaron que una de las mellizas no estaba creciendo al mismo ritmo que su hermana. Para ser honesta, no le presté mucha atención a eso, solo pensé que todo estaría bien y ya. Tal vez porque en ese entonces mi relación con Dios era diferente, era una relación en la que yo creía que siempre y cuando yo orara y le pidiera algo con mucha fuerza, El me lo iba a conceder, sin considerar su voluntad. Como si Él fuera el genio de la botella.

A las dos semanas tuvimos que regresar para que me realizaran otro ultrasonido, tenía 18 semanas de gestación. Y fue allí cuando nos dijeron que el corazón de una de nuestras niñas (allí nos enteramos de que eran ambas niñas) no latía. Ese día fue una montaña rusa de emociones porque, mientras celebrábamos una vida, también nos despedíamos de otra. El dolor era insoportable y, entre tantas preguntas en mi mente, la más predominante era “¿por qué?”. Antes de ese día me sentía tan cerca de Dios, y en el momento en que supimos que habíamos perdido a una de nuestras mellizas, sentí que esa relación se había quebrantado. Me sentía distante y confundida por toda la situación. Tuve la bendición de tener a mi esposo a mi lado ese día, porque su fortaleza me enseñó que la presencia de Dios estaba allí, a través de él. Sentí el consuelo de Dios en el abrazo de mi esposo, en las palabras de simpatía del personal del hospital. Aún recibía el amor y la misericordia de Dios, incluso cuando en ese momento no los quería. Me sentí traicionada, de alguna manera.

Ese día salí del Hospital sintiéndome medio vacía, rota por dentro, pero aún con la expectativa de conocer a nuestra otra hija. Y como ese mismo día supimos que las gemelas eran ambas niñas, decidimos nombrar a nuestra pequeña que partió, María Paz — “Yo te he llamado por tu nombre; tú eres mía” (Isaías 43:1).

Los meses después de la pérdida fueron tan lentos, pero debido a que eran mellizas, debía llevar en mi vientre a mis dos niñas hasta el día del parto. Eso me hacía sentir que María Paz aún estaba con nosotros, de alguna manera. Mientras esperábamos el nacimiento de la hermanita de María Paz (Daniella María), oraba con mi familia, en medio de lágrimas, en medio del dolor e incluso cuando no tenía ganas. Sabíamos que por la gracia del Señor nuestras heridas iban a ser sanadas. Solo necesitábamos confiar en Él.

September 2024
Dándole la bienvenida Daniella Maria

Daniella María nació a las 8:45 am. Tuvo que pasar un par de noches en la unidad de cuidados intensivos neonatales del hospital para asegurar que su temperatura corporal pudiera regularse. Esa noche fue probablemente la más larga que hemos vivido. No sólo porque tuvimos que ver a nuestra hija Daniella intentando ser fuerte por ella y por su hermana melliza, que ya no estaba con nosotros, sino porque esa noche el duelo por la pérdida de María Paz se materializó.

Aunque la habíamos perdido semanas antes del parto, ese día se volvió real. Esa misma noche comenzó nuestro camino de sanación. El recorrido comenzó conmigo quedándome en el hospital durante siete días, siete días en los que tuve que luchar con mis propios pensamientos de culpa, tristeza, impotencia e incertidumbre. Siete días en los que todo lo que podía pensar era en el futuro que nunca íbamos a poder vivir con todas nuestras 4 niñas, al menos no aquí en la Tierra.

En el tercer día de esos siete, Daniella volvió conmigo y ese mismo día tuve la hermosa oportunidad de ver los restos de María Paz. Fue doloroso y, al mismo tiempo, un momento de conexión y sanación. Un momento para tenerla a ella y a su hermana melliza Daniella juntas por última vez. Al menos, hasta que nos reunamos con ella nuevamente en el Cielo.

Durante mis siete días en el hospital, oraba, lloraba, sufría y me sentía un poco perdida. No estaba segura de cómo íbamos a seguir adelante como familia con este dolor inmenso, pero en lo más profundo de mi corazón sabía que Dios nos sostenía, nos consolaba, y eso era suficiente para tener la certeza de que íbamos a estar más que bien.

El día que salí del hospital me sentía medio vacía, pero feliz de volver con las personas que más amo.

También tenía a mi mamá conmigo, que había venido desde el otro lado del mundo para acompañarnos. Eso significó todo para nosotros.

Baby in hospital
In the church
March 2025
El bautizo espiritual de Maria Paz

Aproximadamente dos o tres semanas después de haber sido dada de alta del hospital, recibimos las cenizas de Maria Paz. Fueron muchas semanas en las que la oración en familia y en comunidad nos ayudaron a fortalecernos en nuestro Señor. Muchos Rosarios, novenas, Eucaristías que en medio del dolor, fueron llenando nuestro corazón del amor, la misericordia y la esperanza de nuestro Señor.

Fueron alrededor de seis meses en los que nuestra madre la Virgen Maria fue acercándonos más a su hijo y haciéndonos ver que Él tenía un propósito muy grande con esto que nos estaba pasando. Poco a poco, El nos fue mostrando el camino y fue así como puso en nuestro corazón el deseo de ofrecerle un bautizo espiritual a nuestra hija. En Marzo de 2025, organizamos una linda ceremonia en la que nuestra comunidad nos acompañó en el dolor no solo para celebrar la corta vida de María Paz, sino también nuestro deseo de que recibiera las gracias del bautismo espiritual. Este bautizo realmente significó mucho para nosotros. Nos dio la oportunidad de darle un nombre digno de ella, un nombre que refleja su identidad y con el cual nuestro Padre la ha llamado ahora a su Reino.

April 2025
Un camino lleno de esperanza

Ahora que nuestra Maria Paz vive eternamente, vemos la esperanza como un regalo divino que ilumina nuestro corazón incluso en medio de la oscuridad del dolor. No es simplemente un deseo humano, sino una gracia que Dios derrama en nosotros para recordarnos que la vida no termina aquí, que existe un futuro lleno de promesas y un encuentro eterno con Él.

La esperanza nos sostiene cuando las fuerzas parecen agotarse, nos ayuda a mirar más allá de las lágrimas y nos invita a confiar en que Dios transforma nuestras heridas en fuentes de amor y fortaleza. Es la certeza de que, aunque el camino sea difícil sin ella, no caminamos solos: Cristo resucitado nos acompaña y nos asegura que la muerte nunca tiene la última palabra. Hemos decidido aceptar el don de la esperanza, que nos hace abrir nuestro corazón a la paz, al consuelo y a la confianza en que Dios cumple sus promesas. Vivimos cada día con la mirada puesta en la eternidad, sabiendo que pronto nos reuniremos con nuestra hija que ya vive en Él.

Baby touching hand

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Caminando Juntos en Cristo

Unámonos para recorrer juntos este difícil camino de la pérdida con nuestro devocional semanal: reflexionando en la Palabra de Dios.

Recursos Gratuitos

Recursos gratuitos para guiarte, por la gracia de Dios, hacia una relación más profunda y auténtica con Su Hijo en la Iglesia

Eventos

Nuestros talleres y eventos en línea ofrecen un entorno de apoyo para mujeres, parejas y familias que han sufrido la devastadora pérdida de un hijo.

La Santa Patrona de Nuestro Ministerio

Nuestra Señora La Virgen de Guadalupe

 

La Virgen de Guadalupe es reconocida como una madre cercana, tierna y profundamente humana, que se inclina hacia quienes sufren y necesitan consuelo. Sus virtudes más destacadas —la compasión, la humildad, la fortaleza y la ternura— se reflejan en su trato con Juan Diego, a quien llama “el más pequeño de mis hijos” y a quien ofrece protección, consuelo y compañía en medio del dolor.

 

Su imagen en el ayate, donde aparece encinta, la ha convertido en un signo poderoso de la vida que comienza, razón por la cual es venerada como patrona de los no nacidos: en ella se contempla la dignidad sagrada de cada vida desde su inicio y el amor materno que resguarda y acompaña.

 

Para madres y padres que han perdido a un hijo, la Virgen de Guadalupe es un modelo de esperanza y consuelo. Ella conoce el misterio del amor que se entrega sin medida y también el dolor profundo que atraviesa el corazón cuando la vida se hiere. Su presencia en el Tepeyac —serena, luminosa y llena de ternura— recuerda que el amor de un padre o una madre no se extingue con la muerte, y que Dios sostiene incluso en los momentos más oscuros.

 

Mirarla a ella es encontrar un refugio donde el dolor puede transformarse en fortaleza, donde la memoria del hijo se vuelve bendición, y donde el corazón aprende a caminar de nuevo sin olvidar, pero sí acompañado por una Madre que comprende, abraza y guía.

 

¿Quieres acceder a la Novena a Nuestra Señora de Guadalupe y unirte a nosotros en oración?